Jueves, Julio 04, 2013
La segunda parte de la Guía de vigilancia de la salud en el sector pesquero se centra en actividades con presencia predominante de la mujer
- Las direcciones de los Institutos de Seguridad y Salud Laboral de las comunidades autónomas gallega, asturiana, cántabra y vasca acordaron desarrollar un trabajo conjunto en este sector
- Las actividades económicas ocupadas por mujeres y, en consecuencia, los riesgos laborales a los que pueden estar expuestas son, en muchas ocasiones, diferentes a los de los hombres
- La vigilancia colectiva de la salud se debe realizar desde esta perspectiva de género, analizando los datos de forma separada por sexos
La segunda parte de la Guía de Vigilancia de la Salud en el Sector Pesquero, en la que colabora el Instituto Gallego de Seguridad y Salud Laboral (ISSGA), incluye una serie de artes extractivas y actividades relacionadas con la pesca en las cuales la presencia de la mujer es predominante e incluso existen sectores con sobrerrepresentación femenina.
La pesca es una realidad común íntimamente ligada a la vida social y económica del litoral cantábrico noroeste de España y, por ese motivo, las direcciones de los Institutos de Seguridad y Salud Laboral de las comunidades autónomas gallega, asturiana, cántabra y vasca acordaron desarrollar un trabajo conjunto en este sector. Un sector que, sin duda, presenta especificidades en cada comunidad, aunque el más determinante y significativo son sus puntos en común. Con este fin se constituyó un grupo multidisciplinar de técnicos y médicos para elaborar dicho manual.
La guía se está desarrollando en diferentes etapas. La primera etapa, dirigida a las flotas artesanales y de bajura, se publicó en otoño del 2011. La segunda, que aborda las actividades de marisqueo a pie, extracción de recursos específicos y actividades auxiliares a la pesca, es la que se presenta en este volumen; y queda una tercera, en relación a las flotas de altura y grande altura, que se va a publicar a continuación de esta.
La característica más salientable de esta segunda parte es que incluye una serie de artes extractivas y actividades relacionadas con la pesca en las cuales la presencia de la mujer es predominante. Las actividades económicas ocupadas por mujeres y, en consecuencia, los riesgos laborales a los que pueden estar expuestas son, en muchas ocasiones, diferentes a los de los hombres, como lo son también los daños a la salud, fruto de la segregación horizontal en el trabajo.
Por eso, a partir de las matrices de fases, tareas y subtarefas que caracterizan esta guía, se proponen que las evaluaciones de riesgos que se efectúen en función de estas incorporen la perspectiva de género y se insiste en que se examinen las tareas que verdaderamente se realizan, teniendo en cuenta quién las lleva a cabo y cuál es el auténtico contexto de trabajo y evitando formular estimaciones sobre la exposición a estos riesgos basadas en la mera descripción o en la denominación del puesto de trabajo.
La vigilancia colectiva de la salud se debe realizar desde esta perspectiva de género, analizando los datos de forma separada por sexos, para así poder lograr sus verdaderos objetivos de valorar la importancia de los efectos de los riesgos laborales, su frecuencia, gravedad y tendencia; establecer hipótesis causa-efecto entre los riesgos laborales y los problemas de salud derivados de estos, incluidos los aspectos que conciernen a la función reproductiva y a la maternidad; y dar prioridad a actividades de prevención y evaluar la efectividad de estas medidas.